en la entrada anterior titulada -hola aire- , mentí.
el aire no me resultó ni agradable ni mucho menos reconfortante, aunque sé la necesidad de su existencia.
en el aire sentí vacío, ni siquiera puedes tocarlo, y con respirarlo no me conformo. era un aire triste, con esa indiferencia, apatía, llámalo como quieras que algunas veces se incrusta en la tristeza.
no me gusta la ira pero, a veces, es necesaria para dar puñetazos a algo tan intangible como el aire. todo tiene su cara y su cruz. la ira también.
si por la razón que sea, sientes que el aire te oprime y te lleva a olores impertinentes, te comprendo. estás en tu derecho de increpar al aire tantas veces como necesites.
¿cuántas veces he pronunciado la palabra aire, no las contaré, ni mucho menos. no le daré la importancia que , insisto, sé que tiene.
desafiar al aire es una estupidez, sí, pero gritarle con fuerza es relajante.
¡grita al aire ¡grítale ¡grítale
yo desde aquí estoy contigo y grito
¡aire ¡aire ¡sé agradable y reconfortante
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